Un reciente y masivo estudio de la plataforma de telemática Geotab, que analizó el rendimiento real de 24.000 vehículos eléctricos, ha arrojado datos contundentes que prometen cambiar la narrativa sobre la durabilidad de los EVs. Tras seis años de uso o superar los 160.000 kilómetros, la gran mayoría de las baterías mantienen una capacidad operativa por encima del 90%.
Las claves del estudio: ¿Por qué duran más de lo esperado?
-
Degradación mínima anual: Los datos revelan que la pérdida de capacidad media es de apenas un 1,8% anual. A este ritmo, una batería podría superar fácilmente los 12 o 15 años de vida útil antes de que su autonomía comprometa el uso diario (punto que suele fijarse por debajo del 70%).
-
El triunfo de la gestión térmica: El informe destaca que el “secreto” de esta longevidad está en la ingeniería. Los vehículos con refrigeración líquida muestran tasas de degradación significativamente menores que los modelos antiguos o económicos refrigerados por aire. El control activo de la temperatura es, hoy por hoy, el mejor seguro de vida para las celdas de litio.
-
Carga rápida: Menos “villana” de lo que pensábamos: Aunque el uso intensivo de cargadores de alta potencia tiene un impacto, la electrónica de potencia moderna gestiona los picos de tensión de forma tan eficiente que el desgaste se mantiene en márgenes muy aceptables para el usuario promedio.
¿Qué significa esto para el mercado?
-
Confianza en el usado: Un EV con 100.000 km ya no debe verse como un riesgo, sino como una compra lógica. Si la batería (que representa el 40% del costo del auto) está sana, el resto del vehículo —con muchísimas menos piezas móviles que uno de combustión— ofrece una robustez mecánica envidiable.
-
Segunda vida garantizada: Al final de su ciclo en el automóvil, estas baterías aún son activos valiosos para el almacenamiento energético doméstico o industrial.

