El pasado 9 de junio de 2026, durante la asamblea general anual de BYD, su fundador y presidente Wang Chuanfu hizo una declaración contundente: la empresa china tiene como meta convertirse en la automotriz más grande del mundo por volumen de producción y ventas antes de que termine esta década.
Ventas internacionales que superan las metas
BYD había fijado un objetivo de 1,6 millones de vehículos vendidos fuera de China para este año, pero según Wang, las tendencias actuales apuntan a que esa cifra se va a superar. El presidente atribuye este desempeño a una combinación de precios competitivos, tecnología avanzada y experiencia de usuario que, según indicó, está superando a varios competidores locales en distintos mercados.
La estrategia de internacionalización de la empresa apuesta por la localización —es decir, adaptarse a cada mercado en lugar de exportar un producto genérico— como base para un crecimiento sostenible a largo plazo.
Manejo autónomo: más cerca de lo que se cree
Wang describió al vehículo moderno como una forma de “inteligencia incorporada”. Actualmente, BYD tiene 3,15 millones de autos equipados con sistemas de conducción inteligente circulando alrededor del mundo, y acumula datos de recorrido a una tasa de 200 millones de kilómetros por día — información que alimenta el desarrollo de sus próximas capacidades de conducción autónoma.
El presidente anticipó que las tecnologías de conducción autónoma de nivel L3 y L4 — que permiten al vehículo manejar sin intervención humana en condiciones específicas — llegarán al mercado antes de lo que muchos esperan. BYD afirma tener listos los chips, algoritmos y ecosistemas de datos necesarios, y ya opera centros de entrenamiento en Europa, Sudamérica, el Sureste Asiático y Medio Oriente. El factor pendiente, según Wang: el marco regulatorio. “Una vez que las regulaciones estén en su lugar, BYD despegará rápidamente”, señaló.
La tecnología como camino hacia el segmento premium
Ante preguntas de accionistas sobre márgenes de ganancia y posicionamiento de marca, Wang fue directo: la apuesta de BYD por el segmento premium no pasa por el lujo tradicional, sino por la tecnología. En mercados como Australia, Europa y Sudamérica, indicó, la marca ya es percibida como premium por los consumidores.
“Los automóviles son herramientas de transporte que involucran la seguridad de las personas, debemos volver a la esencia de la tecnología”, afirmó Wang.
Para los próximos años, la empresa espera apoyarse en la segunda generación de su tecnología de batería blade, nuevas soluciones de carga rápida y desarrollos tecnológicos propios que aún no han sido revelados públicamente. Según el presidente, este conjunto de innovaciones permitirá resolver los retos de rentabilidad por vehículo y consolidar el posicionamiento de la marca hacia 2030.

